El infinito me avistó apoyada
En un sin fin de locos pensamientos
Me envió un soplo de cordura.
Y de arena me armé
En conjunto a perfumes de mil soles.
Volé hacia cada nube y tomé su humedad
En cada rincón olvidado tome sus secretos
Para hacerlos cuentas de un collar de mil vueltas
Que rodearon mi garganta.
Me vestí de tus deseos
Y los arrojé en tus manos
Hasta en mi piel abrazarme
En danza de ondulados vaivenes.
Y en tu cuerpo encontré la suavidad que había perdido
Deslizándome en ella sólo fui carne y aliento.
Entonces mi cabeza en almohadas reposó
Hasta cumplir todos mis sueños.
Y mis brazos nuevamente fueron viento
Viento que te cruzó por entero
Desde tu pelo hasta tus huesos
© Angeles y Demonios 2007







